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LOS NIÑOS DEL CIELO

¿Es posible la sensibilidad solidaria o la solidaridad ha sido secuestrada por el mundo de los discursos y las conferencias?

¿Qué tiene que ver la vida cotidiana con una Economía con rostro humano?

RESEÑA:

“Amir, un niño de diez años, lleva a arreglar los raídos zapatitos de su hermana. Pero los pierde. Como no habrá dinero hasta fin de mes, y temen el castigo, ocultan la situación ante sus padres. Y como Zahra no tiene otro par de zapatos, deciden compartir los tenis de Amir. Ella saldrá prematuramente de la escuela y él, que va por la tarde, llegará algo después de hora. Los cambiazos tienen lugar en la mitad del trayecto, en una de esas calles menesterosas de los alrededores de Teheran que Majidi (El padre) pinta con maestría. Entre las casas bajas, descascaradas, y los mercaderes que vociferan sus productos”.

La simplicidad de la anécdota y el rigor con el que Majidi se atiene a ella le aportan a “Niños del cielo” un sesgo universal: una familia de clase baja podría ser presa de un conflicto como éste en cualquier tiempo y país. La emoción descansa casi por entero en la potente naturalidad de los niños. Amir (Amir Farrock Hashemian, el de la foto) tiene un rostro singular. Pasa de la risa al llanto con rara –no por eso menos creíble– facilidad: frunce barbilla y entrecejo, empieza a pucherear y obliga a una suerte de solidaridad emocional inmediata, como si contagiara a la platea. Zahra (Bahare Sediqi) es dueña de una empatía semejante.

Y si la historia está dramáticamente narrada desde el punto de vista de los niños, el tratamiento formal no se queda atrás. Ahí están todos esos planos que muestran los contrastes entre el pueblo pobre y la opulente ciudad iraní.

 

 La incursión de padre e hijo en una
colonia residencial de Teheran, ninos-del-cielo
en donde prueban suerte como jardineros, expone la irrisoria consecuencia de nuestro sistema neoliberal: un niño que está sólo y aburrido en su residencia (su único acompañante, su abuelo durmiendo) y un niño que traspasa aventuras y con el deber de trabajar para apoyar a la economía familiar de un barrio pobre lejos de la ciudad. Estos dos niños terminan jugando y compartiendo momentos, cuyo trasfondo cinematográfico es pintado con armoniosa alegría por el iraní Majid Majidi, autor de este filme.
Categorías:Contraste y pobreza
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